La trama libertaria del verano tiene protagonistas definidos: de un lado, la diputada Lilia Lemoine; del otro, la influencer oficialista y novia de Iñaki Gutiérrez (conocido como “La Pepona”), Eugenia Rolón, señalada por haber conducido en estado de ebriedad sin tener licencia de conducir en plena costa bonaerense.

En las últimas horas Lemoine salió públicamente como defensora de su colega, justo cuando las críticas por el incidente vial ardían en redes y en la política.

Según se reconstruyó, Rolón manejaba un auto en Mar de Ajó cuando realizó maniobras imprudentes y terminó chocando contra un poste de alumbrado. La prueba de alcoholemia arrojó 1,89 gramos de alcohol por litro de sangre, y para colmo, la joven no tenía licencia de conducir. Esto derivó en que la Provincia la inhabilitara para tramitar registro en Buenos Aires.

Poner el pecho

En medio del escándalo, lejos de tomar distancia, Lemoine optó por cerrar filas y apuntar sus críticas hacia el ministro bonaerense Carlos Bianco, retomando un viejo episodio en el que el funcionario se negó a someterse a una prueba de alcoholemia.

La defensa de Lemoine hacia Rolón fue directa: si se va a hablar de irresponsabilidad al volante, primero hay que mirar a los “otros” y sus causas abiertas por abuso de autoridad, desobediencia o tráfico de influencias.

Mientras tanto, la situación personal de Rolón se complicó aún más: su pareja, el creador de contenido oficialista Iñaki, la denunció en la comisaría por conducir bajo la influencia del alcohol y por el presunto uso no autorizado del vehículo. La historia de amor que el núcleo duro libertario vendía como cuento de hadas terminó en una carpeta de investigación policial en pleno verano.

Pese a todo, en público Lemoine optó por la contención antes que la condena, manteniendo un tono de respaldo hacia la joven comunicadora. El gobierno nacional, por su parte, aún no se ha distanciado del caso. En el universo libertario, la estrategia es clara: solidaridad interna y contraataque político, aunque la protagonista haya manejado sin registro, con casi dos gramos de alcohol en sangre y un auto con deudas por infracciones que rozan los 900.000 pesos.