Juan Carlos Velázquez, el recordado “Mini” de “Duro de Domar”, murió este miércoles a los 64 años y sacudió al mundo de la TV con una noticia que nadie quería escribir pero todos estaban temiendo. La confirmación llegó de la mano de su círculo íntimo, que habló con el periodista Juan Etchegoyen y encendió la alarma entre los fanáticos que lo siguieron desde sus años de gloria en la pantalla chica. En cuestión de minutos, las redes se llenaron de mensajes, recuerdos y videos de aquel personaje explosivo que se metía en el living de los argentinos cada noche.
El aviso público lo dio Etchegoyen en su cuenta de X, con una frase que resume el golpe emocional: “Con profundo dolor quiero comunicar que hace istantes falleció Juan Carlos Velázquez, ‘El Mini’ de ‘Duro de Domar’. QEPD amigo, se te va a extrañar”. Esa despedida, breve pero filosa, disparó una catarata de reacciones, desde colegas hasta viejos productores que reconocieron que hacía rato la tele le había dado la espalda. En los grupos de WhatsApp de la industria, el comentario se repitió: se era uno de esos personajes que hacían ruido, pero que hacía tiempo estaban fuera de juego.
La salud de Velázquez venía resentida desde 2024, cuando tuvo que ser internado de urgencia tras una fuerte descompensación en su casa. Él mismo contó que todo empezó como “una gripe común” que se fue agravando hasta el punto de no poder respirar ni caminar, y que terminó con un diagnóstico durísimo: neumonía y las arterias tapadas. Desde una terapia intensiva, había dado la señal de alarma pero también de esperanza, agradeciendo que Dios todavía le permitía seguir vivo.
Para una generación, “El Mini” fue sinónimo de irrupción, insulto controlado y catarsis televisiva en “Duro de Domar”. Entraba al estudio con su latiguillo “Roberto, estoy re caliente” y parodiaba a las figuras del momento con una mezcla de desparpajo y resentimiento que el público aplaudía de pie. Sin embargo, detrás de ese espectáculo, el actor lidiaba con una realidad mucho más cruda: con el correr de los años, las propuestas desaparecieron y los teléfonos dejaron de sonar.
Él mismo lo había dicho sin filtros en 2021: “Los productores parece que se han olvidado de mí”, al recordar que su última participación fuerte había sido en “Polémica en el Bar” en 2016 y 2017, hasta que le avisaron que ya no contaban con él por cuestiones de presupuesto. Empujado por la pandemia y la necesidad, Velázquez se reinventó lejos de las cámaras, vendiendo lámparas y productos eléctricos a comercios, quioscos y supermercados para no caer en la depresión ni en la angustia. Hoy, con la noticia de su muerte, su historia vuelve a la superficie como un espejo incómodo de una industria que aplaude fuerte, pero que a veces se olvida demasiado rápido de sus viejos héroes.